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«Mamá, tú qué haces leyendo este libro?

Esta pregunta la hizo un hijo a su madre cuando por primera vez la vio leyendo un libro.
Este libro era la Metamorfosis de Kafka.
La Tertulia Literaria Dialógica es una actividad cultural y educativa que se está llevando a cabo en diferentes tipos de entidades, ya sean escuelas de personas adultas, asociaciones de madres y padres, grupos de mujeres, entidades culturales y entidades educativas.

Los resultados son contundentes: las tertulias a través de su metodología consiguen que personas que no han leído ningún libro lleguen a disfrutar de las obras de la literatura clásica universal. A este resultado se añade todo el proceso de transformación que viven las personas participantes de la tertulia literaria y en consecuencia de su entorno social y familiar más cercano. Personas que han aprendido a leer a través de la tertulia literaria actualmente están implicadas en entidades culturales y educativas luchando a favor de una educación basada en valores democráticos e igualitarios. La preocupación por los temas sociales y educativos ha aumentado mucho en nuestras vidas.
Los resultados tan positivos y la fuerte demanda que se está produciendo de la actividad han convertido las Tertulias Literarias Dialógicas en un pilar fundamental de la concepción democrática e igualitaria de la educación de personas adultas.

Las tertulias literarias se basan en el Aprendizaje dialógico y para promoverlas, se realiza bianualmente el Congreso de Tertulias Literarias Dialógicas.

La Comisión General de Tertulias Literarias Dialógicas de la CONFAPEA promueve a nivel internacional «Las mil y una tertulias dialógicas en el mundo». y FACEPA impulsa esta actividad a nivel de Cataluña.

La tertulia literaria dialógica genera mucha participación. Personas que no tienen titulaciones académicas están leyendo a autores y autoras como Lorca, Safo, Cortázar, Wolf, Kafkfa, Joyce, se entusiasman por la lectura y todo el grupo se enriquece de las diferentes impresiones y aportaciones.

Reconocimiento internacional de las tertulias literarias y dialógicas:
Las tertulias a través del proyecto de las mil y una tertulias literarias dialógicas por todo el mundo está llegando tan lejos que ya existen en Dinamarca, Francia, República Checa, Australia, Estados Unidos y Brasil.

La tertulia literaria por los criterios y la metodología en la que se basa, está reconocida internacionalmente como una experiencia cultural y educativa ejemplo de la transformación social para el aprendizaje y para las nuevas formas de participación que se generan a partir de esta. Así, la aportación pedagógica y social de esta experiencia está siendo reconocida por profesorado de diferentes universidades de prestigio internacional como la Universidad de Harvard, la Universidad de Massachussets y la Universidad de Norte Illinois en Estados Unidos, la Universidad de Sao Carlos de Brasil, la Universidad don Minho de Portugal o la Universidad de Victoria en Australia.

Las tertulias también han sido reconocidas por personalidades del mundo de la cultura como el premio Nobel de literatura José Saramago, Eduardo Galeano o el cantautor José Antonio Labordeta. Todos ellos destacan el aspecto transformador de esta experiencia.
José Saramago nos realizó este comentario con respecto al congreso de tertulias literarias dialógicas:
«Me encanta saber que unas tertulias literarias interesan tanto a la gente y que hayan conseguido tanto éxito. Me hubiera gustado mucho asistir al congreso, ya que su plan de trabajo es tan extraordinario y tan necesario para volver consciente la individualidad de cada uno en una sociedad que intentamos que sea más y más solidaria «.
Eduardo Galeano nos envió una carta de apoyo para el III Congreso de Tertulias Literarias y Musicales Dialógicas, aquí puede consultar un fragmento de su carta;
«(…) Juan Carlos Onetti, un novelista uruguayo de alto talento y profundo dolor, que tanto me enseñó en el oficio literario, me dijo una vez:» Yo escribo para mí «. Y citó una frase de James Joyce: «Yo escribo para un señor que se llama James Joyce, que está sentado en la otra punta de la mesa». Yo estaba recién empezando, era un chico todavía, y con este derecho a la irreverencia que los pocos años otorgan, le contesté: «Si uno escribe para uno, par a que publica? No sería más práctico que un enviara una carta por correo, al propio nombre dirección? «.
Onetti no me contestó. Fiel a su estilo, se quedó mirando las volutas de humo del cigarrillo que estaba fumando y no dijo ni mu. Pero aquella respuesta irreverente de mis años mozos, me sigue pareciendo un acto de sentido común. A partir del momento en que alguien publica lo que escribe, se dirige a los demás. El texto deja de ser un monólogo; en imprimirse, intenta convertirse en un diálogo. Quien escribe y publica, lo sepa o no, está de alguna manera queriendo comunicarse con otros. Es, digamos, una tentativa de comunión.
Les cuento esto porque ustedes confirman, haciendo lo que están haciendo, que escribir no es una pasión inútil, y que esta tentativa de comunión vale la pena. El libro se realiza en quien lo lee, y en él o ella se multiplica. Si no fuera por el lector, que da la vida en la voz del escritor, el libro sería no más que una cosa muda, un objeto muerto. Y estoy seguro de que Onetti y Joyce están muy contentos de estar aquí, hablando con ustedes, vivos en las palabras que escribieron y en los libros que dejaron. Y aunque ninguno de los dos lo va a confesar, porque son un par de tipos entrañables disfrazados de puercoespines, también estoy seguro que están muy contentos de comprobar que mentían. Les mando un abrazo y les deseo muchas felices comuniones.»